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    La Biblioteca del Convento de Monteripido, Perugia, Italia.

    En 1438, San Bernardo de Siena, deseando facilitar la formación apostólica e intelectual de los jóvenes frailes, promovió la apertura del Studium Generale de la Observancia Franciscana en Monteripido (Umbría). Gracias a sus prédicas frecuentes, el Santo despertó el entusiasmo y la admiración por los ideales de la vida franciscana vivida en la montaña.

    A la fama del lugar también contribuyó Giovanni di Capestrano, quien redactó unos Estatutos precisamente para el Estudio, en los que se recomendaba atender a la oración, al estudio de las disciplinas teológicas y en particular a las Letras.

    Los Priores de las Artes de Perugia, en 1452, viendo la calidad y el compromiso tanto de los lectores, como de los profesores y de los estudiantes, asignaron 200 florines para las necesidades de los numerosos estudiantes que venían de Italia y también del extranjero. Las relaciones entre el Estudio de Monteripido y la Universidad de Perugia fueron particularmente intensas, con el intercambio de libros, ensayos académicos y correspondencia. El amor por el estudio llevó al amor por el libro, como herramienta indispensable para la formación religiosa y académica. Numerosos testamentos informan del progresivo aumento del patrimonio a lo largo de los siglos.

    En 1723, de un informe detallado, se desprende que la Biblioteca poseía unos 4.000 libros catalogados de forma ordenada, pero reunidos en armarios que se volvieron insuficientes para contenerlos. Por este motivo, el 23 de abril de 1754, gracias al interés de su padre Carlo Maria Angeletti de Perugia, se puso la primera piedra para la construcción de la nueva gran biblioteca, basada en un proyecto del arquitecto perugiano Pietro Carattoli.

    Esta obra arquitectónica se terminó en 1769. Más tarde, en 1779, se completó el trabajo de las estanterías de madera, que él mismo arquitecto diseñó y embelleció con pergaminos dorados, que indicaban las diferentes disciplinas. La decoloración del techo, con vigas y ladrillos, fue realizada por Paolo Fabrizi (1702-1773).

    Pronto se enriqueció con nuevos legados pertenecientes a los frailes y ciudadanos de Perugia, pero se produjeron graves pérdidas en el momento de las represiones del siglo XIX. La primera expropiación fue la napoleónica (1809-1815). Cuando los frailes pudieron regresar, encontraron la Biblioteca vacía, pero en el lapso de unos años fue posible recomponer las colecciones de la Biblioteca, porque estaban en gran parte salvadas y guardadas por los frailes y los «Diputados Universitarios».

    El 29 de agosto de 1865, debido a los actos ejecutivos de las leyes de represión, se clausuró el convento, se expulsó a los frailes, se confiscaron los bienes. La herencia de libros fue desmembrada: una parte de los volúmenes, manuscritos, incunables, del siglo XVI y otros ejemplares únicos, fueron trasladados a la Biblioteca Municipal de Perugia, la Augusta y conservados con el sello antiguo: Bibliotheca Montis Perusiae; otra parte, a la biblioteca de la ciudad universitaria. Funcionarios inexpertos y simples trabajadores, no realizaron los controles necesarios y rigurosos. De esta manera, facilitaron la manipulación y pérdida del patrimonio libresco.

    Los frailes no pudieron regresar a su antiguo convento hasta 1874, después de haberlo comprado en una subasta pública. El 13 de mayo de 1882, los frailes de Monte firmaron un contrato con el alcalde de Perugia para la compra a plazos de los estantes y muebles de la biblioteca. Una vez realizadas las reparaciones necesarias, los fondos de la biblioteca empezaron a reconstituirse con los volúmenes salvados de la dispersión, procedentes de otros conventos de la provincia franciscana de Umbría y que pudieron evitar ser confiscados. Los estantes tristemente vacíos, comenzaron a llenarse; los volúmenes, catalogados sumariamente en 1930, ascendían a unos 10.000.

    El patrimonio de libros actual, reconstituido después de los hechos acaecidos, se calcula en cerca de 21.000 monografías, antiguas y modernas; miles de folletos; 4 pergaminos, incluida una bula papal; un incunable; 220 obras del siglo XVI; 200 manuscritos históricos y didácticos, 10 coros, del siglo XVI al XVIII, alrededor de 100 títulos de publicaciones periódicas de los siglos XIX y XX de las que la Biblioteca es el único propietario en Umbría. Es notable la consistencia numérica del antiguo material impreso, del siglo XVI. hasta 1830, y moderno, desde 1831 hasta la actualidad.

    De esta manera, la Biblioteca se ha constituido en bello un ejemplo de resiliencia, reconstrucción y trabajo perseverante durante siglos, para conservar los libros como faros del conocimiento que iluminan al mundo.

     

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