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El libro de mi biblioteca que he elegido para mostrar a mis queridos consocios de la Sociedad de Bibliófilos Chilenos –fundada hace tres cuartos de siglo y a la cual me honro de pertenecer en 3ª generación– es el más querido que tengo, por diversos motivos.

Hablamos de la primera edición de la obra Apologia pro vita sua de John Henry Newman, publicada en Londres el año 1864, considerada por la crítica una joya de la más fina prosa inglesa.

El conocido autor nació en esa capital en 1801 y vivió casi todo el siglo XIX. Estudió en el Trinity College de Oxford, a los 24 años recibió la ordenación presbiterial anglicana y muy pronto se transforma en capellán de la Universidad de Oxford y en una de la figuras más descollantes de la intelectualidad inglesa. Reconocido por la elegancia, brillo y elocuencia de su pluma, congrega fuertemente al mundo universitario por el ejemplo personal y la claridad reposada y sabia de su palabra.

Frontispicio del libro «Apologia pro vita sua» (Una defensa de la propia vida), autobiografía espiritual que Newman escribió en su propia defensa. Fue publicada por Longman Publishing Group en Londres, el año 1864.

Newman es el alma del Movimiento de Oxford que reúne a maestros de esa universidad, quienes indagan en la teología patrística los fundamentos de la sucesión apostólica y luchan por la recuperación de la independencia del anglicanismo en relación al establishment político británico. Se expresan a través de los famosos “Tracts for the times”. En 1842 renuncia a la capellanía de Oxford y se retira a vivir, junto con algunos seguidores, en un régimen de gran austeridad, a la aldea de Littlemore, a 3 kms. de la ciudad. Comienza a escribir su gran obra “El desarrollo de la doctrina cristiana”. El 9 de octubre de 1845 John Henry Newman pide en Littlemore al sacerdote pasionista, hoy beato Domingo Barberi, defensor en Europa del Movimiento de Oxford y recién llegado a Inglaterra, que lo reciba en la Iglesia católica.

El remesón producido en Inglaterra y fuera de ella por su decisión provoca innumerables reacciones, también a favor, pero en las islas algunas muy fuerte en contra, que lleva él con paciencia y en silencio por casi veinte años. La más violenta, las acusaciones de deshonestidad que le dirigió el conocido polemista anglicano, reverendo Charles Kingsley, mueven a Newman a escribir la Apologia pro vita sua, una defensa de su evolución religiosa, que lleva por subtítulo “A repley to a pamphlet”. La Apologia es un clásico, comparado para nuestro tiempo con las “Confesiones” de San Agustín, libro de gran influencia en los últimos Papas. Pio XII dijo al académico francés Jean Guitton: “No lo dude, Newman será un día Doctor de la Iglesia”; y Pablo VI al mismo escritor: “Newman es un grande…para llegar a la Verdad integral, en la plenitud de su vida, renunció a aquello que vale más que la vida: renunció a la Iglesia de Inglaterra, y no para separarse de ésta, sino para realizarla. Afirmó que no renunciaba a creer en aquello que había creído, sino que lo creía aun más: en realidad había llevado la fe anglicana a su plenitud”.

El primer dueño de este ejemplar, E. Hoskins, que escribe con fina letra en él su nombre, estampa también el año de su adquisición, 1864, el mismo de esta primera edición. Interesante es que su dueño, si no alguno posterior, adhirió a la contraportada un autógrafo firmado por John Henry Newman, dirigido a “Dear Bowden” (John William Bowden, 1798-1844), miembro también del grupo “tactariano”, de cuya cercana relación da cuenta el mismo Newman en Apologia. Dicho autógrafo, aunque el impreso sobre el cual está anotado, con su letra en pluma y tinta negra, diga encima Magdelene College – Oxford, por su fecha, 25 de mayo de 1842, sabemos que es veintidós años anterior al libro y que está escrito cuando ya Newman había dejado la Universidad, residía desde el 19 de abril en Littlemore y meditaba el paso que iba a dar.

El primer propietario de este ejemplar, escribió su nombre junto al año de adquisición, que coincide con la publicación de la primera edición. Cabe destacar que el autor del libro, J.H. Newman, fue un presbítero anglicano convertido al catolicismo en 1845. Más tarde, fue nombrado Cardenal por el Papa León XIII.

En el ejemplar cabe también apreciar algunos recortes de diarios ingleses de fecha posterior (1872 a 1876) con cartas sobre Newman o polémicas sostenidas por su propia pluma y firmadas por él, que algún dueño también adhirió en páginas blancas del libro. Valga decir que sus polémicas en los diarios inauguraron una nueva forma, “la literatura de la controversia”, y él mismo llegó a declararse un controversialist.

El precioso ejemplar llegó a mis manos en el verano de 2012, estando en Oxford, en un seminario organizado en St. Benet’s Hall por un querido amigo, Stradford Caldecott, siendo adquirido como regalo de aniversario de matrimonio por mi esposa Paula en 27 Broad Street, donde estaba la famosa librería Parker & Sons, absorbida hoy por Blackwell’s. Tenían dos ejemplares de esa primera edición de 1846, uno autografiado el otro no, el primero en Oxford, el segundo en Nueva York. Escogimos el primero…

John Henry Newman fue hecho cardenal por León XIII en 1879; fue beatificado por Benedicto XVI el año 2010 en Birminghan (última ciudad donde vivió y donde reposa en la iglesia del Oratorio por él fundada); luego canonizado por Papa Francisco en la Plaza San Pedro hace casi un año, el 13 de octubre de 2019.

Jaime Antúnez Aldunate
Socio Nº 99

 

 

Al abrir el libro, se advierte (a la izquierda) que su primer dueño pegó una carta auténtica firmada por el propio Newman. También se puede observar (a la derecha) recortes de diarios de la época, con Cartas al Director escritas por Newman. También hay otras pegadas al reverso de la contratapa, así como en las páginas finales en blanco, todo lo cual le confiere un mayor interés y valor para los estudiosos bibliófilos.

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