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    Nuestro socio Juan Antonio García-Cuerdas en su Biblioteca, con el libro de Gonzalo de Berceo.

    Mi pasión por los libros y la lectura, junto a una gran curiosidad intelectual, vienen desde niño. Fue una suerte que mis padres detectaran estos intereses y los fomentaran a temprana edad. Siendo ya estudiante universitario, a mediados de la década de 1970, comencé a acudir a las librerías de viejo del sector Merced/Lastarria. Recuerdo de esa época con especial agrado a don Gustavo Bartolini, propietario de la Librería Técnica USA, situada en la calle Lastarria, la que frecuentaba para hojear, seleccionar y comprar en cómodas cuotas aquellos libros que me atraían, los que por entonces se enfocaban principalmente en el derecho y en la historia de Chile y de España.

    Diccionario trilingüe del castellano, vascuence y latín. Publicado en dos volúmenes por el padre Manuel de Larramendi en San Sebastián (1° edición, 1745). Se le considera como el primer hito de la lexicografía eusquérica.

    A inicios de los ochenta estuve residiendo por segunda vez en Madrid y en La Rioja. Durante esa estadía visité de manera habitual librerías, ferias y bibliotecas, y definí intuitivamente el objetivo principal de mis futuras andanzas urbanas en búsqueda de libros. Centrando mi atención en aquellos referidos a la historia, etnografía, lingüística, etc., de las tierras donde vivieron mis padres y demás antepasados, enfocándome en La Rioja de manera primordial y en Navarra y el País Vasco, todos territorios que siglos atrás formaron parte del antiguo reino de Navarra. Unos años después me orienté, también, hacia los libros relacionados con la migración española hacia Chile entre 1818 y 1950. Comencé así a formar una biblioteca que, con el tiempo, me sería de gran utilidad para escribir algunos de mis propios libros.

    Un autor cuya creación literaria me llamó poderosamente la atención entonces, fue Gonzalo de Berceo (Berceo, La Rioja, c. 1195-San Millán de la Cogolla, La Rioja, c. 1260), primer poeta conocido en lengua castellana y uno de los principales representantes del mester de clerecía. Tengo en mi poder varios libros, ediciones en rústica de mediados del siglo XX, con algunas de sus composiciones poéticas. Pero además poseo una edición magna en tapa dura de 1.092 páginas con su Obra completa, publicada en 1992, la que me obsequió el que era entonces cronista oficial de La Rioja, el estimado y recordado p. Felipe Abad León. Si bien es una publicación “reciente”, tanto por la significación histórica del escritor para la lengua castellana como por sus resonancias personales, es un ejemplar insoslayable en mi devenir bibliófilo.

     

    Monasterio de San Millán de Yuso, La Rioja. Erigido el siglo XI y reconstruido el XVI. (Foto: Santiago López-Pastor, 2018, Flickr, CC BY-SA 2.0).

    Gonzalo de Berceo fue un clérigo que se educó, escribió y vivió gran parte de su vida en el monasterio de San Millán de la Cogolla (son dos edificios, San Millán de Suso que fue erigido en el siglo VI y San Millán de Yuso, que lo fue en el siglo XI), distante poco más de un kilómetro de Berceo, su pueblo natal, del que tomó su nombre. De su obra se conservan diez textos, organizados en estrofas de cuatro versos alejandrinos de catorce sílabas y rima consonante uniforme. Fueron escritos en el romance castellano de la época, tal como lo manifiesta el autor al inicio de la Vida de Santo Domingo:

    Quiero fer una prosa en romanz paladino
    en cual suele el pueblo fablar con so vecino
    ca non so tan letrado por fer otro latino,
    bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

    El poeta, con natural sencillez, declara que no es lo suficientemente versado para escribir en latín y que por ello escribe en el lenguaje llano y claro “en cual suele el pueblo fablar con so vecino”. Con igual campechanía agrega que beberá un vaso de buen vino antes de iniciar la tarea, costumbre que era muy propia de la gente del campo de esta región antes de iniciar las labores diarias, hasta hace pocas décadas atrás.

    La zona geográfica en que se situaban la localidad de Berceo y el monasterio de San Millán, que hoy pertenece a la Comunidad Autónoma de La Rioja, fue durante los siglos X al XII un territorio fronterizo del reino navarro cuya posesión le fue disputada por Castilla, hasta entrar definitivamente en la órbita de esta última. Por entonces, las lenguas que se utilizaban en el lugar alternaban entre el latín escrito de los monjes copistas del monasterio, el dialecto romance hispánico utilizado en el habla diaria (derivado del latín vulgar o popular) que era ya un balbuceante castellano y el vasco.

    San Millán fue un importante centro cultural medieval que dispuso de un scriptorium (escritorio) en el cual los monjes se dedicaban a la lenta y fatigosa labor de copiar e ilustrar textos manuscritos con el fin de incrementar la biblioteca monacal y facilitar su uso a aquellos que requerían estudiar, rezar o predicar. Esta biblioteca logró reunir una importante colección de códices de los siglos VIII al XI, incrementando sus fondos en los siglos siguientes con ediciones raras, ejemplares casi únicos y valiosos incunables.

    Busto de Gonzalo de Berceo, situado en Berceo, localidad natal del poeta. (Foto: Carlos Sieiro-Pigmentoazul, 2008, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).

    El monasterio de San Millán de la Cogolla jugó un rol trascendental en la configuración inicial del idioma castellano. Entre sus códices, el más conocido es el Aemilianensis 60, un manuscrito creado hacia el siglo IX cuyo interés se debe a que contiene las denominadas Glosas Emilianenses, más de mil en latín, romance y vasco. Las glosas son anotaciones escritas al margen de un texto para explicarlo o comentarlo. La glosa 89 es el primer testimonio (fines del siglo X) en el que se utiliza el romance popular para escribir una oración completa con estructura literaria (no son solo palabras sueltas), romance que ya se corresponde con algunas de las características propias del castellano. Asimismo, en otras dos glosas del códice mencionado, aparecen los vestigios más antiguos escritos en euskera.

     

    Juan Antonio García-Cuerdas
    Socio nº 48
    Enero de 2021

     

     

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