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    Abraham Quezada Vergara: «Neruda y Mistral, una amistad más allá de lo literario»

    Por Abraham Quezada Vergara

    Admiración y vieja amistad

    Es una historia conocida que los dos vates mayores de Chile mantuvieron una estrecha y prolongada amistad, que nació allá en Temuco a comienzos de los años 20, cuando el joven Neftalí, entusiasta aprendiz de poeta, decide visitar a la ya consagrada Gabriela Mistral, de paso por esa ciudad en sus andanzas educacionales para escuchar su autorizada opinión acerca de algunos trabajos que aquél le había presentado. Posteriormente y a pesar de los momentos de expatriación que ambos experimentaron, aquella amistad se fue nutriendo hasta consolidarse. La barrera generacional invisible que los separaba no fue escollo para mantener un activo y deferente contacto, el cual se prolongará hasta la muerte de la poeta en 1957.

    Atendida la condición de activos y reconocidos devotos del género epistolar, ese apego, necesariamente, debió manifestarse en un copioso e intenso intercambio de cartas, el cual, por lo que se sabe, lamentablemente no sobrevivió a los diversos naufragios consulares, viajes, exilios, desexilios, separaciones y otras errancias. Uno de los pocos testimonios directos de esa amistad, es la selección publicada, compuesta de 25 cartas inéditas despachadas por Pablo Neruda y Delia del Carril a Gabriela Mistral, que abarcan un período vital y trascendente en la vida de cada uno. De ésas, 3 son de origen mistraliano. Estas misivas atraviesan dos décadas del turbulento siglo XX; desde 1934 hasta 1955, años de crecimiento y culminación en un trasfondo de Guerra Fría, hostilidad que no les fue indiferente a los interlocutores. En ese lapso, Neruda emerge como una de las voces más potentes y señeras de la poesía en lengua castellana y la autora de Desolación alcanza el reconocimiento universal al hacerse acreedora al premio Nobel de Literatura.

    Su condición fragmentaria, sin embargo, no impide aseverar que se trata de una muestra representativa del aprecio, cariño y consideración que ambos se prodigaron, emanando una serie de barruntos, señales e insinuaciones que nos permiten constatar, efectivamente, que entre ellos hubo una continuada y estrecha relación, matizada de momentos de admiración sublime producto de la anchura y generosidad que el autor de Residencia en la tierra le reconoce a la Mistral en una de las misivas. La premio Nobel, a su vez, recompensaba ese cariño llamándolo un chileno en grande o un poeta admirable de lo más alto que tiene el habla hispana. Contactos y gestos a los que válidamente se suma Delia del Carril, esposa de Neruda en ese entonces y amiga entrañable de Gabriela.

    La correspondencia disponible, guardada en un recanto de la memoria debe ser entendida, entonces, como un “epistolario-testimonio”, es decir, como un corpus documental cuyo contenido remite a una totalidad mayor, cual es, el mundo de nexos existentes entre ambos escritores mediatizado por las circunstancias del acontecer literario e intelectual de Chile y otras partes, así como de las labores consulares, los problemas y vicisitudes políticas del momento histórico, la situación regional e internacional y los asuntos menudos, aspectos que copan el interés y comentario de los corresponsales.

    • El artículo ha sido extractado, condensado y actualizado del libro de mi autoría Cartas a Gabriela, Santiago, Ril Editores, 2009.
      ** Estudioso nerudiano y funcionario del Servicio Exterior de Chile. Magister y PhD en RR.II.

    Como es dable pensar, estas cartas nos permiten también seguir de cerca la intensa actividad del poeta, sus viajes y compromisos y, en ciertos casos, fijar la fecha y lugar de composición de algunos de sus trabajos literarios. Es, por lo tanto, una entrada válida a la intimidad de ambos escritores, destilando de paso, una secreta coherencia con el oficio y la dimensión cívica que uno y otro practicaron.

    Del mismo modo, en este intercambio queda palmariamente demostrada la invariable lealtad y fidelidad que Delia guardó al poeta y la simpatía y estimación que tuvo por la escritora elquina. Al darse esas expresiones de afecto y preocupación, este carteo adquiere un tono conmovedor y familiar, resultando a ratos, conversacional y tierno, como tienen que ser las cartas no lanzadas a la posteridad y que se han escrito sin pretensión literaria. En su conjunto arrojan evidencia definitiva en contra de la maraña, más bien oblicua, que se ha pretendido tejer en torno a la relación entre ambos escritores.

    Cartas y poesía

    15 años separaban a Gabriela Mistral, nacida en 1889 de Pablo Neruda, nacido en 1904. Si bien generacionalmente distintos, tuvieron una serie de características en común. Ambos poetas eran de origen provinciano, provenientes de hogares más bien modestos y que habían recibido una educación primaria y secundaria laica y gratuita y de responsabilidad estatal, la cual moldeó no sólo su carácter sino también contribuyó a su formación humanista y que en un primer momento estuvo orientada hacia los quehaceres vinculados a la educación. Empero, en ambos casos, se trataba de sobrevivir para cumplir los afanes literarios. Por ello, optan por marchase al extranjero, y en esos afanes son “capturados por el Estado”, pasando a cumplir labores consulares y diplomáticas, es decir, de representación de su país en el mundo. En esos avatares se habrían de encontrar en la España republicana a mediados de los treinta y en el sur de Italia a comienzos de los años cincuenta. La distancia, los viajes y otras vicisitudes de vida no impidieron que mantuvieran una gran fraternidad y una permanente atención sobre la vida y obra el uno al otro. situación que se reflejará en un activo y cariñoso intercambio epistolar.

    A comienzos de abril de 1924, desde México, Gabriela le informa a un colega de letras santiaguino que hace tiempo [le] vienen comunicando que jóvenes de allá –Neruda, otros– quieren venirse a México. [Agregando que ella le ha escrito directamente] a Neruda…con franqueza bien intencionada, que Vasconcelos se retira y que no hay aquí más hispano-americanistas… La razón de esos comentarios estaba en que el poeta había abandonado sus estudios universitarios y necesitaba con urgencia alternativas para salir al extranjero. La posibilidad de salir y conocer el mundo se había convertido en el sueño de muchos artistas e intelectuales latinoamericanos que ansiaban experimentar las vanguardias en el París de los años veinte.

    A partir de 1927, Neruda logra una vía para alcanzar ese objetivo. Ha sido nombrado cónsul y debe cumplir su primera destinación en el sur de Asia. ¿Saigón se llama eso? se preguntaba Gabriela hacia fines de esa década tratando de ubicarlo en el mapa consular. Paralelamente reconocía que el joven autor de los Veinte poemas de amor era nuestro mejor poeta nuevo (aunque ahora escribe futurismos que no se venden ni se leen). Agregaba que de él poseía sólo un libro de segundo orden, pero es lo mejor nuestro en la poesía actual.

    Mientras Neruda se encontraba destinado en Barcelona como cónsul, acompañado de su esposa y una hija recién nacida, bautizada con el nombre de Malva Marina Trinidad, le informa por carta de su ardiente deseo por trasladarse a la capital española, en donde desde junio de 1933 Gabriela desempeñaba el mismo cargo aunque sin mucho entusiasmo. A las apreturas económicas de un consulado “de renta infeliz”, se unía el enfado que le provocaba el clima madrileño y el constante “visiteo”, estragos que afectaban su humor y precaria salud, quejas esta últimas, muy mistralianas. En sus afanes, Neruda la apremia con la posibilidad de una permuta, que ella inicialmente ve con buenos ojos. Un traslado hacia un lugar más benigno le vendría muy bien, además, ayudaría al amigo. No sería la primera ni la última vez que en un gesto fraterno y solidario, la Mistral le demostraría su decisión de ayudarlo a resolver problemas. Todos los planes, sin embargo, se trastocaron con la intempestiva partida que dispusiera el Ministerio de Relaciones Exteriores en octubre de 1935. Gabriela debía abandonar Madrid en 48 horas. La publicación en una revista capitalina de una carta privada de su autoría y los posteriores reclamos y protestas de los españoles residentes en Santiago explicaban la inusitada decisión. Una vez que se ha concretado su salida, Neruda le expresa su respaldo señalándole sentir mucho las molestias [del] traslado y el incidente provocado por ese cretino o canalla, agregando que él también ha sido víctima de las envidias literarias. Yo estoy, [le añade,] acostumbrado a ello, es el lote que a uno le toca en la vida.

    Carta 1

    En medio de esas circunstancias, el diálogo postal se orienta hacia los temas que a Neruda le interesan, como la recepción de su trabajo literario o la crítica que sus “futurismos” suscitan en los medios intelectuales españoles, país que él percibía como lleno de cosas que brotan, de sencillez, de simple vida. Sus remilgos inducen a Gabriela a ofrecerle apoyo, para lo cual él le hace llegar un texto de Alone, reputado crítico chileno. Además otro, firmado por su amigo Miguel Hernández, los que en su opinión, eran lo mejor que se ha hecho hasta ese momento, agregándole que esperaba le fueran útiles “en su generosa intención”. El respaldo ofrecido y gustosamente aceptado, le era muy necesario pues se iniciaba un momento muy especial en la vida de Neruda, ansiado desde los días de su permanencia en el sur de Asia. Después de muchos esfuerzos y ansiedades, finalmente se encontraba viviendo en la capital del idioma. A los sendos homenajes de los escritores españoles, se sumará su labor como editor de la revista “Caballo Verde” y la publicación de una primorosa edición de Residencia en la tierra. Si bien la situación conyugal y familiar no se trasunta, Neruda estaba viviendo el drama de la irreversible enfermedad de su hija y una relación conyugal insatisfactoria. Esto último lo suple rápidamente con la presencia de Delia del Carril (1885), una argentina de la misma generación de Gabriela Mistral. El enganche amoroso fue instantáneo, hecho que se confirma con su presencia y permanencia en las cartas intercambiadas con Gabriela.

    El diálogo postal se interrumpe hacia mediados de 1938, para ser repuesto años más tarde. ¿Cuántas cosas habían ocurrido desde entonces? Por de pronto, después de su destinación mexicana de comienzos de los años 40, Neruda ya casado con Delia abandonaría la carrera consular accediendo, democráticamente, a un escaño senatorial por las provincias del norte. Gabriela, por su parte, ha permanecido en sus obligaciones consulares, itinerando por Portugal, Italia, Brasil, Estados Unidos y México. En 1938 publica Tala y sus “recados” se difunden y leen urbi et orbi. Su enorme prestigio literario e intelectual es coronado en 1945 al obtener el premio Nobel de Literatura.
    La cima literaria alcanzada le dio una inusitada tribuna para destacar también el trabajo de sus colegas, respaldo que por lo demás estaba acostumbrada a otorgar En torno a ese evento se conocieron sus declaraciones en favor de su connacional , que ese mismo año había sido agraciado con el premio Nacional de Literatura. Por la mano de Delia, Gabriela se entera que sus despachos no han sido recepcionados, coyuntura que los Neruda aprovechan para disculparse señalándole que el retardo en responder se ha debido a compromisos ineludibles asumidos en la campaña presidencial de 1946, ganada por Gabriel González Videla. Desvelos de los cuales prontamente abominarán, desaprobando la conducta presidencial para con los militantes comunistas, quienes habían trabajado afanosamente para lograr su elección y cuyas acusaciones se leen en las cartas intercambiadas.

    Carta 2

    Más tarde, en enero de 1951, con la escueta frase de “viva la paz”, Neruda da pie a un tema que a ambos conmovía por igual, y con gran fervor; el pacifismo como opción y respuesta del mundo social e intelectual a la crueldad de la guerra y la amenaza de uso de armas nucleares, inminencias estas últimas que Delia no acierta a entender señalándole a Gabriela que es inaudito que haya que luchar por una cosa semejante que debería de caer de su propio peso, pero yo creo que es un deber hacer pesar lo más posible en la balanza de los que quieren evitar esa todavía más grande monstruosidad. Convicciones que quedan demostradas además en las diversas intervenciones y escritos que por aquellos días muchos escritores hacían público. De esta forma, salvando lejanías geográficas, los comentarios de estos dos itinerarios intelectuales ponderan más el entorno político que el literario.

    A mediados de ese año, Delia acusa recibo del recado de Gabriela Mistral titulado “La palabra maldita”, en el que sin ambages, revalida su posición sobre la guerra y sus consecuencias. “La Hormiga”, de ferviente militancia comunista de primera hora, mujer viajada, atenta e informada de los problemas mundiales, le expresa que ese recado tuyo va a tener una repercusión inmensa, va a aclarar muchas tinieblas, va a abrir muchos caminos por donde una multitud, todavía ciega, sorda y muda va a lanzarse denodadamente a impedir el crimen que se prepara. En seguida, se refiere a la momentánea condición nómada que lleva junto a Neruda, subrayando su optimismo por lo que ha visto y experimentado en los países del este europeo, en donde se construye (con grandes dificultades) una vida cada vez más hermosa.

    A fines de 1951, el poeta se dirige a Gabriela, residente en Nápoles, en donde se ha hecho cargo del consulado, para informarle que ha decidido pasar una temporada en la isla de Capri, para escribir un libro, para lo cual su esposa adelantará su regreso al país. Se trata de un texto dramático, que marca un antes y un después en la vida del poeta. Es de aquellas comunicaciones cuya importancia no radica en lo que dice, sino en lo que calla, en los silencios que incorpora, los que afectarían a Delia y cambiarían la fase final de su vida, repercutiendo hondamente en su poesía. Éste, desde los días mexicanos de su convalecencia médica, estaba viviendo un intenso idilio con Matilde Urrutia, Rosario de Los versos del capitán, libro de anónima factura nerudiana, escrito en esos días de romance secreto. Gabriela, su vecina en las proximidades, no lo sabe, ni debe saberlo.

    Para permanecer en ese lugar, encarecidamente Neruda le solicita a Gabriela que le consiga una casa independiente, con cocinera, o una casa de familia sin otros pensionistas o en último caso un hotel sin turistas y que de ninguna manera quiere molestarle con [su] proximidad, sin perjuicio de las visitas que mi admiración y nuestra vieja amistad hagan necesarias y periódicas… [agregando] …tenemos mucho que hablar y tendremos todo el tiempo de hacerlo. Delia, mientras tanto, a fines de enero de 1952, al despedirse de Gabriela, le manifiesta su interés por realizar su testamento, declarándole que en el caso dado, todas sus pertenencias terrenales, le viene por [su] voluntad en derecho inalienable a Pablo Neruda. De esta forma, sin saberlo y en un momento de máxima fidelidad, la pasajera suavísima comenzaba a desembarcarse de la vida del poeta.

    En medio del arrobamiento amoroso, en abril de 1952, Neruda le comenta que se ha cambiado de casa, dándole una nueva dirección en la hermosa isla italiana. En seguida, se refiere a su situación legal y los riesgos que enfrenta si regresa al país. Luego entra de lleno a la contienda política que se desarrolla en un año de elecciones presidenciales en Chile. La izquierda (y su partido desde la clandestinidad) apoyaría al médico socialista Salvador Allende, quien efectuaba su primer intento por llegar al palacio de La Moneda. El ardiente idilio y su trabajo literario, no obstante, no le impiden estar perfectamente interiorizado de los sucesos que ocurrían al otro lado del océano. En esta misma misiva, llama la atención la inclusión de un texto en inglés que el poeta, a propósito de candidaturas, transcribe para Gabriela. Corresponde a un comentario que, desde Suecia, le ha remitido el académico y escritor Artur Lundkvist, quien devendrá en su traductor, amigo y promotor en la docta Academia. Le señala que ha sido proposed to the Nobel Prize this past year, though he knew that Lagerkvist was designed by the Academy long before, but he believes it to be a phase in the work for your candidature (sic). Es la primera evidencia documental conocida de su candidatura al premio magnífico, lejano, deseado y reconocido como el máximo galardón mundial que un escritor podía recibir. Faltaban algunos años todavía para el desenlace feliz.

    Carta 3

    Después de más de 3 años de ausencia, a fines de julio de 1952, el poeta regresa a la patria. Un grupo de personalidades han presionado desde marzo de ese año a las autoridades exigiendo su retorno y Gabriela, una vez más, ha dado su consentimiento para dicha causa. El “bardo de utilidad pública”, que se encuentra en la cúspide de su prestigio de intelectual comprometido y que junto a “La Hormiga” se han convertido en una sólida institución política y social [atrayendo] a su alrededor a los simpatizantes y activistas del partido y [congregando] a escritores, artistas y personajes de Santiago, considera necesario elevar su voz, una vez más, no sólo para representar a su partido, que ha sido “silenciado”, sino para denunciar las preocupaciones mundiales generadas por la Guerra Fría, la carrera armamentista y la proliferación nuclear; desasosiegos acuciantes para quienes se identificaban con el llamado Movimiento por la Paz. A comienzos de 1951 la misma Gabriela ya se había pronunciado a través de su recado pacifista que Delia destacaría con singular regocijo calificándolo de maravilloso y contundente.

    Comentario final

    Como se ha apreciado, no sólo son poetas también capaces de establecer una relación entrañable a través del intercambio postal, a ratos íntima, carente de artificios retóricos y fórmulas de cortesía, pero pródiga en respeto y admiración. Expresión de ello se confirma desde Isla Negra, el 8 de septiembre de 1954, cuando Neruda entrega a la opinión pública un cálido saludo señalando: Llegas, Gabriela, amada hija de estos yuyos, de estas olas, de este viento gigante. Todos te recibimos con alegría. Nadie olvidará tus cantos a los espinos, a las nieves de Chile. Eres chilena. Nadie olvidará tus estrofas a los pies descalzos de nuestros niños. Perteneces al pueblo. Nadie ha olvidado tu “palabra maldita”. Eres una decidida partidaria de la paz. Por esas razones, y por otras, te amamos . Los contenidos de estas misivas y otros textos, en definitiva, demuestran que no hubo celos ni rivalidades, sino interés sincero en la obra del otro. Por lo mismo, sus muchos triunfos y premios, que honraron meritoriamente a ambos, no consiguieron que el personaje predominara por sobre la persona; la raíz profunda que los unía y la grandeza de cada uno, impidió una competencia estéril, haciendo primar el cariño y el afecto por sobre cualquier otra consideración. Después de todo, hijos de una misma tierra.

    Embajada de México en Chile

    100 años de la visita de Gabriela Mistral a México (1922-2022).

    Presenta: Sr. Francisco Javier Olavarría, Embajador de México
    Modera: Jorge Pascual, Agregado Cultural

    Vida de Gabriela Mistral y su paso por México (1922-1925)

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